Por: Walter Sosa Soriano

La fiesta tribunera está muriendo y creo que aún estamos a tiempo de salvarla.
Todo futbolero se enamoró de este deporte yendo por primera vez al estadio. Hasta hace unos años ir a alentar a tu equipo era una experiencia única e irrepetible. Las horas previas eran eternas, el reloj comenzaba a contar en tu cerebro y la adrenalina de estar en la tribuna ya empezaba a apoderarse de ti. Ropa ligera, gorrita para el sol y una garganta lista era lo único que necesitabas para al ritmo de la banda dejar la voz alentando al equipo de tus amores.
El resultado era lo de menos, tu día en la tribuna bastaba para sentirte pleno. Y así tu equipo no juegue bien, el solo ir a la cancha ya era un espectáculo, el cual justificaba cualquier sacrificio por llegar ese día hasta el cemento y alentar en medio de las banderolas y el papelito picado.
Todo hincha recuerda su primera vez en la cancha, es momento mágico e inexplicable que te termina de marcar para siempre, un juramento de por vida que se lleva en el alma.
Hasta hace unos años uno podía ver este tipo de recibimientos:
https://www.youtube.com/watch?v=1JUSEL3x0S4
Toda esta fiesta ocurría hasta hace poco y era lo bonito de la tribuna. Sin embargo un día todo se fue pervirtiendo, a los estadios entraron imbéciles que confundieron el sentimiento y lo relacionaron con la violencia, se apoderaron de la fiesta y terminaron matándola
La policía se cansó y tuvo que tomar medidas. Las cuales, aunque fueron acusadas de ‘facilistas’, se encargaron de regular la asistencia del público y alejaron a los hinchas de los estadios.
Fue así que el Ministerio del Interior puso en vigencia la Ley N° 30037 que previene y sanciona la violencia en los espectáculos deportivos desde del 2016.

Esta ley establece que los barristas y público en general que asiste a los estadios no puede realizar pre concentraciones ni desplazamientos masivos hacia un espectáculo deportivo profesional. Los espectadores e hinchas no podrán ingresar con banderolas, emblemas o pancartas que inciten a conductas discriminatorias, violentas, racistas o xenófobas. Tampoco realizar cánticos, expresiones o sonidos que inciten a conductas similares a las expuestas anteriormente.
El hincha tampoco podrá asistir al estadio con pintura facial, prendas o accesorios que dificulten su debida identificación. Menos podrán introducir, portar o utilizar cualquier clase de armas o de objetos de similar naturaleza tales como elementos punzantres, cortantes, susceptibles de utilizarse como proyectiles, alimentos en recipientes rígidos, bebidas embotelladas o sus envases.
La bengalas están prohibidas. También los petardos, explosivos o, en general, productos inflamables o corrosivos y dispositivos pirotécnicos. Los hinchas no ingresarán al estadio si están bajo los efectos de bebidas alcohólicas, estupefacientes, psicotrópicos, estimulantes o sustancias análogas.

El Ministerio del Interior aduce que los instrumentos y las banderolas se han convertido en trofeos de guerra entre los barristas, provocando así disputas que terminan siempre con actos violentos y que han provocado muchas muertes, y tienen razón. En lo que no tienen razón es que todo eso no es culpa del fútbol, la violencia que se vive entre barras es parte de un problema endémico en nuestra sociedad, donde influyen factores como la falta de educación, la pobreza y demás taras sociales, el fútbol es sólo una excusa y no debería verse como el principal causante, es entonces válido que por culpa de algunos desadaptados se generalice a todos.

Lamentablemente tenemos un gobierno lleno de incompetentes que evaden el principal problema y culpan al fútbol de errores que no le corresponden. Somos el único país en el mundo donde existe esta ley tan tonta que no corrige ni mejora nada.
Finalmente creo que es necesario entender el punto principal de este reportaje, el fútbol es el deporte más lindo de todos y es responsabilidad de los que lo queremos tanto, cuidarlo y comportarnos a la altura de su grandeza, el cambio empieza por cada uno y espero que pronto el estado lo entienda, no es necesario matar el fútbol para solucionar la violencia.
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