Por: Walter Sosa Soriano
Hay que decir en primer lugar que si algo tienen de bueno algunas modas es que son muy antiguas.
Esta novedad del 9 “mentiroso” arranca, hasta donde se, en la década del 40 y hay varios ejemplos: Lacasia, en Independiente, Pontoni, en San Lorenzo, Pedernera en River, Di Stéfano en el mundo, entre otros.
Cuenta la historia, que Di Stéfano en sus comienzos era un 9 de punta. Lo explica muy bien Peucelle en un análisis que hace del llamado “saeta rubia” precisamente por su velocidad para ir al gol. Poco a poco fue incorporando conceptos del juego hasta convertirse en un jugador de toda la cancha que además era goleador.
El mismo Alfredo solía comentar en rueda de amigos, cuando se refería a algún 9 de esos que se estacionan entre los centrales y que suelen llamar “referencia”: “¿Qué hace ese tipo allá arriba? ¿Juegan con 10 y uno, solo, despegado del resto?”.
A propósito de los 9 de “referencia”. Referencia ¿para quién? No creo que sus compañeros necesiten a alguien para saber donde queda el arco. En realidad es referencia para los centrales que así tienen una marca fija y les facilita su tarea.
Desde siempre los jugadores pícaros, no se estacionan entre los centrales como “referencia” sino que saben desmarcarse para escapar de la visión de los defensores. Fue Romario el que dijo, cuando le preguntaron por su mejor virtud: “Que no me ven”.
También Guardiola decía que estacionar un 9 de punta, es favorecer el embudo y cerrarse los caminos. Para él el fútbol empieza en los extremos bien abiertos para ensanchar la cancha, y un 9 que sepa juntarse con los volantes para elaborar. O sea, un 9 “mentiroso”. O en todo caso que sepa desaparecer de la mira de los defensores generando espacios para los que lleguen.
En este caso jugar con un 9 “mentiroso”, si se puede, es jugar mejor, que de eso se trata.









