Por: Walter Sosa Soriano

Hay que tener las pelotas bien puestas o estar muy loco para patear el pena que pateó el Pity Martínez.
Después de nueve minutos en los que la Copa Libertadores se metió en estas cuestiones del VAR, el 10 de River clavó el penal en el ángulo, fue un golazo para meter a River en la final de la Libertadores cuando minutos antes no podía y se veía literalmente afuera.
Borré empató a los 81 minutos y le devolvió parte del alma al cuerpo al equipo del Muñeco con ese cabezazo perfecto en tierra que parecía inexpugnable, el penal que se pateó nueve minutos después del remate de Scocco en el brazo de Bresssan fue el pasaje definitivo a la final. La lluvia le añadió épica, fue disfrutar de ese agua bendita que caía en el Arena do Gremio con los hinchas enloquecidos y todos cantando juntos.
Queridos amigos, el Pity es un loco de mierda, qué loco que está, qué inconsciente que está, porque no puede ser la tranquilidad y contundencia con la que pateó un penal histórico, tal vez hasta más que el que le hizo a Boca en la final. Este penal era el pase a la final o la eliminación, así de fácil, casi no había tiempo para más. Envolvió todos los nervios del mundo en esa zurda y la clavó arriba y yo no puedo creer que un tipo sea capaz de hacer semejante cosa.
River a la final y estamos a un paso de ver la mejor final de la historia de la Libertadores.











